Ambicioso plan de restauración del Palacio de Vizcaya en Miami
ANDRES VIGLUCCI
The Miami Herald
PATRICK FARRELL / The Miami Herald
EL PALACIO Vizcaya fue residencia del industrial
James Deering, quien murió en 1925.
Al visitante ocasional le parece que el magnífico Palacio de Vizcaya está casi igual que como lo
dejó el industrial James Deering al morir en 1925.
Pero un examen más detallado revela que la mansión y sus famosos jardines italianos, propiedad
de los contribuyentes de Miami-Dade, están sumamente deteriorados.
Aunque la casa se mantiene en sólida forma, el dosel de cristal instalado sobre el patio hace
22 años para proteger valiosos adornos, tiene numerosas filtraciones. Lo mismo sucede con muchas
de las puertas y ventanas. Las superficies de algunas columnas tienen grietas. En el exterior, 150
estatuas y elementos arquitectónicos que Deering trajo de Europa --algunos de ellos de varios
siglos-- están en muy malas condiciones, los hay prácticamente cayéndose en pedazos. Las fuentes ya
no funcionan.
Y eso es sólo lo visible. Los sistemas de electricidad, control de incendios y seguridad están
en un estado lamentable y requieren modernización o que los sustituyan.
Estas son las malas noticias.
La buena es que se está haciendo algo al respecto.
El miércoles, funcionarios del Condado y de Vizcaya inauguraron formalmente la primera fase, de
$13 millones, de una renovación de $50 millones del histórico Monumento Nacional. La misma no sólo
va a remediar años de descuido sino que, según se espera, va a ampliar y reforzar el atractivo del
museo.
Junto con nuevos sistemas mecánicos y de alambrado, restauración de las estatuas y
revitalización de los jardines, el proyecto abrirá nuevas áreas para los visitantes, incluyendo
los cuartos de sirvientes con sus muebles originales así como la costa y playa. Además, se
mejorará el acceso para los discapacitados.
Una tienda y café nuevos van a reemplazar los viejos, que fueron destruidos por el el huracán
Wilma en el 2005, en el sótano de la casa. Después de varias décadas, el sótano se volverá a
parecer a como era cuando albergaba los salones de fumar y de jugar billar de Deering. La bolera,
desgraciadamente, no regresará porque el espacio hace falta para la cocina del nuevo café.
La renovación se ha estado planificando desde hace años y se pagará mediante una emisión de
bonos de $50 millones aprobada por los electores, así como por donaciones federales y privadas. La
renovación, sin embargo, es sólo el primer paso de un ambicioso plan para ampliar
considerablemente el alcance del museo.
A largo plazo, los administradores del museo esperan unir la casa y los jardines con el Vizcaya
Village al otro lado de South Miami Avenue, los 11 edificios y terrenos que albergaron los carros
de Deering, sus talleres y su personal, y que proveían frutas, vegetales y productos lácteos a la
estancia.
Esos edificios, que sirvieron como oficinas para el departamento de parques del Condado, ahora
están mayormente sin usar y se están renovando gradualmente. Con el tiempo, los administradores de
Vizcaya también esperan reclamar el lugar del Museo de la Ciencia, que se espera sea trasladado al
downtown.